al ángel le gusta el chocolate el chocolate obscuro y amargo los sucesos singulares quedan en segundo plano cuando observa cómo cada barra es hecha
recuerda cada nuez tal como era los vasos de limonada tal cual
todo eso carga en su memoria engranada aunque no pueda recordar el afeitado (o el aceitado) de cada mañana
el ángel habla de comida con lengua lasciva se lame los dedos y le toma segundos pasar de un plato a otro
cuando come él es el queso es el crujido de lo crocante es la oliva convertida en aceite
parte la sed ve las palabras
el ángel a pesar de estar hecho de vidrio y metal tiene un carácter herbáceo le gustan casi todos los tipos de ensalada
en sus noches meditabundas recuerda las ostras tal como eran recuerda el agua buena y el sabor del pescado sin metales
a veces observa los faros del muelle que traen redes de cangrejos azules y cuando es de noche enciende una linterna y observa a detalle a cada uno de esos pequeños crustáceos que habrá de comer
él cocina siempre lo ha hecho y es que el ángel atemporal a la edad que tiene jamás ha redefinido su hora de comer
es un hecho cuántico que el ángel no cree en el tiempo ni en lo maravilloso sino sólo cuando se trata de la hora de comer
más sobre el ángel de lo estrambótico
un minuto del día le empieza inmenso y la sonrisa que le produce resulta habitualmente indecorosa
por calles o por mares por lo bajo o en los balcones la creatividad le sobreviene y es algo que puede reventar a lo estrambótico al vuelo (aunque los ángeles según él no vuelen)
la realidad es apenas una gota que resbala en su pecho-tonel un breve destello de diáfana materialidad
si los poetas estuvieran dice menos obsesionados con la ilusión del yo tragarían sus inmensos ojos y cantarían con claridad tal singular hazaña
este ángel áptero o botellóptero (como quiera verse) raramente termina su día sin decir nada y es que las hazañas no lo son si no se cuentan si no son nota
si callaran sus poezas quedaría acrisiado estaría abollado prefiere hablar recriminar ser desdeñado pero leído
el ángel de lo estrambótico ha tenido la sensación de vivir ha sentido lo orgásmico lo reparador lo ambiguo lo casi desplomado el equilibrio por eso cree entenderse con nosotros
es un rayo dentro de una botella y es la botella hecha añicos cual noche estrellada la que nos recuerda lo convencionales que pretendemos ser
queremos (quiero) hombres al fin quitarle su capacidad de runa metálica omnipotente preferimos la briza fresca de la tristeza por eso aborrecemos su esqueleto de metales astronómicos
le rezo en vano le digo que no puedo escribir lo improbable y él me ofrece una rápida desaprobación sonar sin buscar nada a cambio
su caricia verbal es lo más existencial tiene el absurdo necesario relaja mi mente mis glándulas
el ángel vale en el mundo pues el mundo lo hizo
es un metal frío pegado a una botella a una estadística de humo portando en su estelar pecho improbabilidades ajenas
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